domingo, 19 de enero de 2014

Las falsas anécdotas: La tranvía.

Todos conocemos casos de noticias o anécdotas, ampliamente divulgadas, que llegan a hacerse conocidas, populares, famosas, y que sin embargo resulta que son falsas. Alguien las reprodujo sin contrastar su veracidad, o las inventó, quizás confundido, quizás por desconocimiento, y puede que hasta con toda su buena voluntad; y la mentira se repite y se repite hasta hacerse archiconocida, haciendo perdurable el error.

Un día alguien, quizás un investigador interesado en el tema, descubre la realidad de lo ocurrido y denuncia que las cosas no eran como se cuentan sino de otra manera. Y expone la verdad del tema intentando deshacer el error. ¡Vano intento! Nadie se entera, nadie se da por aludido, y ni siquiera quienes tendrían que prestar atención al hecho, por ser tema de su especialidad, conceden el crédito que se merece al trabajo de investigación que aclara los hechos. Una vez más, no dejes que la realidad te fastidie la oportunidad de repetir la historia, aunque sea falsa.

Hoy quería contar una tal historia falsa relacionada con los tranvías. Una historia de hace más de cien años, precisamente del día de la inauguración oficial del primer tranvía de Madrid el 31 de Mayo de 1871. A ese día corresponde el siguiente grabado:


La Ilustración Española y Americana, 15 de Junio de 1871.


En aquel tiempo todavía no se empleaba la palabra tranvía. Lo que hoy denominamos tranvía era legalmente un ferrocarril servido con fuerza animal. Se había utilizado ya el término tramway, pero lo habitual era designarlo como tram-vía o bien tramvía. La empresa que puso en servicio el primer tranvía de Madrid utilizaba el nombre comercial de Tramvía de Madrid. La Real Academia determinó que se utilizara el término tranvía en Abril de 1879.

Para festejar la inauguración, la empresa inglesa que construyó ese primer tranvía de mulas invitó a las autoridades a un lunch, servido por Lhardy en las cocheras del tranvía, sitas en lo que entonces era el final de la calle de Serrano en el terreno donde actualmente está la Iglesia de los Jesuitas. A la hora de los brindis tomaron la palabra el representante de la Empresa de tranvías, y a continuación el Gobernador civil, quien brindó por D. José de Salamanca. No estaba previsto que Salamanca tomara la palabra, pero respondió al brindis del Gobernador. Y después tomó la palabra el Sr. Albareda, en representación de D. Salustiano Olózaga. Olózaga era Presidente del Congreso de los Diputados, y Albareda era Vicepresidente del Congreso.

Todos los periódicos publicaron informaciones del acto. Pero sólo en dos de ellos se hacía referencia a que el Sr. Olózaga había recomendado que se utilizara el género femenino al referirse al tranvía: que se dijera la tramvía en lugar de el tramvía. Aunque uno de ellos, «La Epoca», reconoce que no estuvo presente en el acto, así que escribía de oídas. El otro diario que recogía la anécdota era «La Correspondencia de España». En ninguno de los demás diarios, ni en el día de la inauguración ni en los sucesivos, aparecía referencia alguna al tema de la tramvía.

Pero el futuro de la anécdota cambió cuando fue recogida por un semanario de moda, «La Ilustración Española y Americana», en el número fechado cinco días después de la inauguración oficial, dándole una relevancia a todas luces exagerada. Desde ese instante, y hasta el momento actual, la anécdota de la recomendación de Olózaga de que se dijera la tranvía en vez de el tranvía se ha repetido hasta la saciedad. Así escribía La Ilustración:

La Ilustración Española y Americana, 5 de Junio de 1871.


Pero resulta que la anécdota es falsa. He encontrado que esa petición de aplicar el género femenino no procede de Olózaga. El proponente no fue D. Salustiano Olózaga, sino D. José de Salamanca. Nos lo cuenta el director de la «Gaceta de los Caminos de Hierro» en la nota necrológica del Marqués de Salamanca tras el fallecimiento de éste el 21 de Enero de 1883:

Gaceta de los Caminos de Hierro, 28 de Enero de 1883.


El Marqués de Salamanca sabía inglés, y había tenido negocios ferroviarios en los Estados Unidos (en el «Atlantic and Great Western Railroad»). Salamanca sabía inglés y sabía que en inglés, donde a las cosas se aplica el género neutro, por excepción se aplica el género femenino a las máquinas (locomotoras, barcos, tranvías...). Por eso proponía aplicar el género femenino también en español. El director de la «Gaceta de los Caminos de Hierro» no tenía por qué inventarse la anécdota, doce años después de ocurrida. Y no estaba previsto que Salamanca tomara la palabra tras el banquete inaugural, ni mucho menos tras el Gobernador Civil; Salamanca habló, e improvisó, por haber sido aludido por el Gobernador en su intervención. Olózaga no pudo quedarse a los brindis y, sin duda, le dejó un papelito a Albareda para que lo leyera en su nombre. Es posible que algún periodista pensara que quien hablaba de la tranvía (en ausencia de Olózaga) era Albareda, que tomó la palabra después de Salamanca.

Por su parte, Olózaga era, simplemente, un ilustre revolucionario. Olózaga era en aquel momento presidente del Congreso de los Diputados (4/4/1871 al 2/10/1871) y miembro de la Real Academia (sillón N, 1871 - 1873). Inciso: ¿alguien me puede contar los méritos literarios o lingüísticos de Olózaga para ser Académico de la Lengua? Estaba también en el Ayuntamiento, siendo concejal de las Vías Públicas y miembro de la Comisión de Obras, la que estudiaba los temas tranviarios. Resulta verdaderamente extraño que el Sr. Olózaga no hubiera conseguido de sus compañeros de Comisión que en los informes que se presentaban al Pleno se escribiera la tranvía en vez de el tranvía; y que, igualmente, no reclamara del Ayuntamiento pleno, como miembro del mismo, igual corrección. Hasta ese momento, ese género femenino no aparecía, ni por equivocación, en los periódicos y revistas de la época y nunca se utilizó en los Libros de Actas del Ayuntamiento.

¿Por qué hemos de creer que el autor de la propuesta fuera D. Salustiano Olózaga, y no D. José de Salamanca? Ahí está la Hemeroteca para desmentirlo, aunque resulte más cómodo seguir repitiendo la cita errónea.

Saludos.
José Antonio

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